Un sinnúmero de emociones, llegadas con la joven convivencia, unos trabajos de adaptación, de amolde, con esa ilusión que obliga a las sonrisas –y risas- estar ahí presentes, siempre. Infinidad de ideas, de proyectos, que van cayendo, uno tras otro, sólo con el empero de que solamente tenemos una vida, una y no más, y es luego cuando te ríes, pero desconoces el porqué.
Pero todo debe volver a la normalidad. Un hogar que ha sustituido a una casa, no es excusa para no montarse en el blogmóvil, y viajar junto con Anlurina por el mundo de imaginación y sabiduría, por ese mundo que no puede compararse a otro, por ese mundo creado por dos mentes que necesitaban estar en contacto, y que tanto se echa de menos cuando se deja a un lado.
Vienes, pues, Anlurina de nuevo de viaje? Vamos de nuevo a pasear entre las palabras? A saborear cada una de nuestras frases y hacer con ellas grandes historias?
Súbete a mi nueva bici plegable, y paseemos por la isla, que debo enseñarte muchas cosas nuevas. Entre ellas, escucha……………
Sí, ese sonido que se oye al fondo es un clarinete. Un hada me lo cedió, por un tiempo, indefinido, unos meses, quizás. Con algo de miedo lo cogí, monté sus cinco piezas, coloqué la caña en su sitio, ritual casi olvidado. El sonido tardó en aparecer. Ligero pitido inicial, áspero luego. Dolor en los labios, dolor en el diafragma. Horas más tarde, una melodía salió ya por la campana del instrumento. Una semana más tarde, ya había desempolvado las viejas partituras, y algunas nuevas ya habitaban sobre la mesa. La música volvía a abrazarme, y yo le devolvía el abrazo con una desconocida pasión. Ahora ya sin profesores, sin conservatorio, sin las infinitas y aburridas escalas de todo tipo de armaduras. Ahora ya, solamente, la música y yo. Y aquél que quiera unirse para disfrutar de la danza, del ritmo, del color de cada nota.
Y ahora, …. Anlurina? Qué haces? Por qué bajas de la bici plegable? Dónde vas? Ahhh! Ya entiendo. Son los primeros rayos cálidos del sol, que calientan la tierra, la arena, y las rocas. De acuerdo, disfruta un rato, largo o corto, de ello. Vuelve esa estación en la que el agua del mar vuelve a estar preparada para recibirnos, y el sol para calentarnos y acariciarnos durante nuestras largas siestas mediterráneas. Descansa, Anlurina, y nos vemos cuando despiertes.