
Anlurina. No hace mucho, Tripotrapos, me hablabas de tu vida sin un televisor. Es cierto, no te pierdes gran cosa. Pero aguarda. Hay algo que te quiero mostrar. Una serie de seis capítulos que en realidad son tres. Paradojas de la televisión. Tanto como que en Estados Unidos la calidad de las series de televisión supera con creces a las miles de películas que manufacturan al año. Una serie. Pero lo siento, no voy a escribir acerca de su calidad. Escribiré sobre algo que me fascinó de la serie. Su nombre en realidad no importa. Así que no diré que los estadounidenses la bautizaron como The Lost Room. Lo que realmente importa son los objetos. ¿Qué es un objeto? ¿Qué importancia tiene en nuestra vida cotidiana? Podríamos estar de acuerdo en que un objeto es algo, generalmente fabricado por el hombre, que tiene una determinada función. ¿Es eso cierto? No del todo. Y tú y yo, Tripotrapos, lo sabemos con creces, pues en las millones de aventuras que hemos compartido los objetos fueron algo más que objetos. Esta es la idea original de la serie. Realizar un homenaje en toda regla a los objetos. Reconocerles su valor social inherente. Un ejemplo. Un político delante de un atril transparente. Todo un país expectante. Él ya conoce los antecedentes, pues su rival político pasó hará unas semanas por la misma experiencia. Obligado a desprenderse de la máscara teatral que suele encubrir cualquier debilidad. Pero no está solo. En su mano porta una pluma de la que no se desprenderá hasta que todo se acabe. Es fácil fijar nuestros ojos en la pluma. Como se mueve al compás de sus manos. Como ayuda a nuestro político a sobrellevar el peso de las miradas y análisis de millones de espectadores. Es cierto. El centro de gravedad recayó totalmente en ella. Y, de forma paradójica, esa pluma se fabricó con el único fin de escribir. El poder de los objetos es enorme. Ésta podría ser la frase con la que iniciara su andadura nuestra serie. Objetos indestructibles, con cualidades alternativas sobrenaturales que nada tienen que ver con las funciones convencionales que suelen desempeñar. ¿Nada tienen que ver? No deseo desvelar los objetos que aparecen en la serie, pero os aseguro que sus funciones alternativas son metáforas de esas funciones alternativas que realizan en la realidad. O por lo menos, eso es lo que me parece a mí. La finalidad de todo esto. Un objeto, un artefacto (algo hecho con arte), es un prisma en el que en cada cara reside una función. Y cada cara es una realidad diferente, alternativa, que se refleja en otras caras-realidades al pasar la luz a través de ella. Es por eso, que las otras caras-realidades de un objeto residen ahí, subyacentes, esperando que las descubramos cuando la luz adquiere el ángulo adecuado para mostrarlas reflejadas. Eso es lo bonito. Que las cosas que fabricamos adquieran otras funciones al ser vistas por otros ojos-caras-realidades. La segunda parada ha finalizado. Y tú, Tripotrapos, ¿vas a esperar a la siguiente parada?
