viernes, 22 de febrero de 2008

transformaciones (II parte)

Tripotrapos. Una sonrisa aparece, primero pequeñita, luego grande, ya. Una sonrisa al verte, que estás a punto de coger mi mismo tren. La misma transformación, definitiva, claro está.

Vivir mejor que nadie. Compartir, ya no el piso o la casa, sino el hogar. Un tren lleno de ilusiones. Un presente cargadísimo de emociones, que miran con ansias al futuro.

Incluso me sonrojo al pensar en las aspiraciones que ansío. Entre ellas, está esta nueva creación de hogar, como lo han venido haciendo generaciones y más generaciones de humanos alrededor del mundo. Y entre ellas está, también, todo eso que estamos organizando, mi compañero y yo, pensando en el mañana. Pero en ese MAÑANA, el de las mayúsculas, ese que probablemente ni veremos. Ese que ya sólo verán quienes sean nuestros sucesores, así como yo estoy disfrutando de todo lo que dejaron mis antepasados, a quienes hago una leve –pero sincera- reverencia. El huerto que resucito es una pequeña muestra de la ilusión de la que estoy hablando. Otra muestra es el bosque que estamos plantando donde antes sólo había sol y calor en verano, frío y escarcha en invierno. Y este bosque será para los que vendrán, el día de mañana, nuestro futuro, deseo, y quieran sentarse a la sombra de los árboles, jugar entre los viejos troncos, trepar hasta las copas más altas, …

A veces pienso… y creo que nuestros ideales son algo quijotescos. Algo de locura hay en ellos. Pero luego la voz de Ilusión me dice que es gracias a las ideas casi utópicas e inalcanzables que son posibles los cambios geniales. Y dice esa voz también que todas estas quimeras, despacito van formando sus frutos, y es por ellas que cada mañana es posible levantarse y respirar el aire del nuevo día, con los ojos llenos de lágrimas buenas.

Y dice también Ilusión que las cosas que parecen locuras, sencillamente por su originalidad y el empeño en que vayan bien, son las más importantes.

Y no digamos ya si esas locuras tienen como finalidad la compañía de quien crees que te hará sonreír, ya definitivamente.

Dame la mano, pues, mi gran amigo, ¡y saltemos al nuevo tren!

jueves, 21 de febrero de 2008

Transformaciones.

Anlurina. Una parada cortita. De éstas que sirven para que el tren que va en la otra dirección pueda pasar (así es, en Murcia existe una única vía y uno de los trenes ha de hacerse a un lado. Que bonito...). Suficiente para desplegar mi configuración actual. Por eso hablaré, en el descansillo entre vagón y vagón, de las transformaciones. La actualidad es transformación tal y como está definida. Sin embargo, las actualidades de cada uno suelen poseer una cierta imperturbabilidad, dependiendo de las personas, por supuesto. Yo he vivido esas etapas, siempre tan agradecidas mentalmente, cómodo colchón que nos permite elevarnos hacia cuestiones secundarias. Ocurre, empero, que cuando esta estabilidad tan acolchada se antepone a una actualidad propia más favorable, con el único objetivo de no desprenderse de ese colchón al que le hemos cogido tanto cariño, las realidades propias se van cerrando cada vez más en uno, con más y más parches mentirosos que ocultan la precariedad de la situación. En ocasiones, no hace falta desprenderse totalmente del colchón. Es cierto, una tintorería hace milagros con los colchones enmohecidos y, a fin de cuentas, en la elección propia reside el poder de una persona (mal que le pese a muchos). Sin embargo, mi elección había ido tantas veces en esa misma dirección que la última elección fue la definitiva (esta frase es muy importante. Pensadla, por favor. Siempre debería ser así, que la última elección fuese siempre la definitiva). Y tiré el colchón con todo lo que éste sustentaba. Mi actualidad se definió entonces en transformación. Mundos de sensaciones olvidadas por redescubrir, pensaba yo, ¿sabré vivir en medio de transformaciones? Ahora viajo constantemente, no sólo en este tren. Mi vida actual son trenes que se llevan pedacitos de mí para que, cuando regresen, dejarme transformaciones causadas por las experiencias. Es magnífico, pero también todo un reto mental. En mi actualidad me enfrento a una de mis últimas transformaciones. Vivir en compañía. O lo que es lo mismo, hacer una apuesta por vivir mejor que nadie (aunque eso piense mi cabeza, que en definitiva es lo que a mi me vale). Entre medias han quedado transformaciones espléndidas, trenes que se marchan y otros que recuperan su andadura. Trenes, a fin de cuentas. Como éste nuestro, que ya comienza a andar, pues el tren que iba en sentido contrario ya pasó, dejando un temblor leve, una vibración infinita que se pregunta hacia donde marchan todas estas transformaciones. Misterios de tiempo y espacio, quizás.