Tripotrapos. Una sonrisa aparece, primero pequeñita, luego grande, ya. Una sonrisa al verte, que estás a punto de coger mi mismo tren. La misma transformación, definitiva, claro está.
Vivir mejor que nadie. Compartir, ya no el piso o la casa, sino el hogar. Un tren lleno de ilusiones. Un presente cargadísimo de emociones, que miran con ansias al futuro.
Incluso me sonrojo al pensar en las aspiraciones que ansío. Entre ellas, está esta nueva creación de hogar, como lo han venido haciendo generaciones y más generaciones de humanos alrededor del mundo. Y entre ellas está, también, todo eso que estamos organizando, mi compañero y yo, pensando en el mañana. Pero en ese MAÑANA, el de las mayúsculas, ese que probablemente ni veremos. Ese que ya sólo verán quienes sean nuestros sucesores, así como yo estoy disfrutando de todo lo que dejaron mis antepasados, a quienes hago una leve –pero sincera- reverencia. El huerto que resucito es una pequeña muestra de la ilusión de la que estoy hablando. Otra muestra es el bosque que estamos plantando donde antes sólo había sol y calor en verano, frío y escarcha en invierno. Y este bosque será para los que vendrán, el día de mañana, nuestro futuro, deseo, y quieran sentarse a la sombra de los árboles, jugar entre los viejos troncos, trepar hasta las copas más altas, …
A veces pienso… y creo que nuestros ideales son algo quijotescos. Algo de locura hay en ellos. Pero luego la voz de Ilusión me dice que es gracias a las ideas casi utópicas e inalcanzables que son posibles los cambios geniales. Y dice esa voz también que todas estas quimeras, despacito van formando sus frutos, y es por ellas que cada mañana es posible levantarse y respirar el aire del nuevo día, con los ojos llenos de lágrimas buenas.
Y dice también Ilusión que las cosas que parecen locuras, sencillamente por su originalidad y el empeño en que vayan bien, son las más importantes.
Y no digamos ya si esas locuras tienen como finalidad la compañía de quien crees que te hará sonreír, ya definitivamente.
Dame la mano, pues, mi gran amigo, ¡y saltemos al nuevo tren!