miércoles, 25 de mayo de 2011

El otro tren

Anlurina ya se ha acomodado en su camarote porteño del tren. Está sentado, al lado de la ventana. Observando a lo lejos, aquel tren que comienza su marcha. Ocupado por mucha gente de toda España. Al principio todos eran jóvenes los que empezaron a ocupar los primeros asientos. Los que le dieron un rumbo a ese tren. Poco a poco. La edad de los ocupantes se fue dispersando. Todos tenían algo en común. Un mismo rumbo. Hay gente de Madrid, gente de Barcelona, de Murcia..., ¿y de Mallorca? ¿Habrá algún trocito de Tripotrapos en ese tren? Anlurina siente envidia por todos esos ocupantes. También desearía estar en ese tren. Compartiendo ideas, escuchando, ilusionándose por ese ímpetu nuevo que hace que ese tren recién construido comience a andar. Pero le toca estar aquí, separado por kilómetros de agua salada. Toca con sus dedos la ventana, y dibuja con ellos un contorno imaginario alrededor de ese nuevo tren. Lo acaricia con ternura y le da ánimos con sus dedos. Le intenta transmitir toda las ilusiones y fuerzas posibles desde la distancia.
De repente, Anlurina se despierta de las ensoñaciones que mantenía con las imágenes dibujadas en el cristal, y se acerca a su maleta. Durante este tiempo, dentro del camarote porteño, ha podido encontrar ciertos pequeños tesoros que le han emocionado durante el inicio de este viaje. Dos películas que hablan sobre el encuentro del amor jugando con elementos extraños, mostrando otros caminos, otros colores que descubren nuevos enfoques y visiones. La primera de ellas es un corto de Spike Jonze. I'm here. Se puede ver en su página web: www.imheremovie.com/ La historia de amor entre dos robots. Y la otra es de un director italiano, Paolo Sorrentino. Yo ya había visto una película suya que me encantó, Il Divo. Una sátira política sin contemplaciones, divertida, mordaz, audaz. Llena de surrealismo por todas partes, un nuevo surrealismo italiano. La película de la que quería hablar se llama Las Consecuencias del Amor. Fue su anterior trabajo. El comienzo de un amor extraño visto desde el imperturbable protagonista Titta di Girolamo. Nunca olvidaré ese nombre.
La visión de dos amores extraños y distintos para una Anlurina que de momento se encuentra sola en este camarote porteño. Ambos dos son amores asimétricos, descompensados hacia alguno de los lados, pero bien distintos. Uno de ellos es un amor fagocitario que va consumiendo voluntariamente al amador, en beneficio del amado. El otro se enfrenta al abismo del amor. Al descontrol de su control. En ambas películas el protagonista es la figura masculina. En ambas la soledad viene precedida al amor y se entrelaza con él. Amor y soledad. Nuestro mundo tan encapsulado. Tripotrapos habló sobre la antigua educación. También debemos luchar contra la alienación. Soledad, alienación, individualismo. En aquel tren que ve Anlurina a lo lejos encontró un elemento que le emocionó especialmente. En la actualidad, todos los elementos tecnológicos, arquitectónicos y culturales nos dirigen hacia el aislamiento social. Uno de los más potentes era internet, por sus infinitas aplicaciones y posibilidades. Pero en esta ocasión internet está siendo la locomotora que ha puesto a andar a ese tren tan peculiar que ve Anlurina a lo lejos. Pareciera que la juventud no está tan dormida después de todo. El estado de opinión se ha transformado en trend-topic. El mundo se transforma y los de siempre no se dan cuenta. El poder se agarra. La ilusión se abraza. La soledad se entremezcla en el amor de millones de formas distintas hasta preguntarse, ¿qué es malo y qué es bueno? La felicidad individual. Por rara que sea. Algo se aprendió en estos años de mala educación.

domingo, 22 de mayo de 2011

Viajes, maletas, vidas nuevas. Cuánto tiempo hacía que viajábamos en ese tren-blog? y nosotros sin limpiarlo, sin modificar su aspecto. No me había dado cuenta, pero estaba viejo, pertenecía a otra época, a otras personas.

Ya cambió todo. Monstruos tésicos que engullían al pobre Anlurina lo han dejado libre. Tripotrapos ya cambió tanto tanto... Cuando mira atrás ve a una chiquilla que pasea sola. Divertida... sí, se lo pasa bien, parece. A Tripotrapos le cae bien esa chiquilla, pero no es la misma que pasea ahora.

Ahora lleva siempre un bulto al lado, colgado en una tela, o gateando al lado de sus piernas... Acerquémonos y veremos la sonrisa alegre del nuevo ser, chispitas en los ojos de quien tiene todo por descubrir, la voz de quien está descubriendo los sonidos.

Tripotrapos ha perdido su identidad como único ser, y vive una maternidad consciente, ha perdido el egoísmo y aprendió a dormir con un ojo abierto, y una mano libre para poder actuar. Sabe perfectamente que el mundo, la época en la que le ha tocado vivir está preparada para la gente que corre de un sitio para otro, para la gente que quiere producir como produce la termomix, preparada para el egoísmo y la soledad. Y que el mundo está desquiciado. Desquiciados que han vivido sus primeros años en medio de pataletas, durmiendo solos en una habitación llena de horrendos juguetes, en medio de biberones a partir de los pocos meses, en medio del "Cállate ya", de "no toques" y "no hagas" y "me tienes harta". Y no necesitamos más desquiciados. Necesitamos más locos que sepan que el mundo les dará lo que quieran. Más locos que, con esta ilusión, apegada a sus pequeñísimos cerebros en formación, tengan el coraje de luchar por lo más justo y lo que más quieran. Y que, entonces, creen.

Por un mundo de locos creadores.