miércoles, 26 de octubre de 2011

Vacío

Ahora, miremos directamente al corazón, dice la profesora de yoga. La misma profesora que hace dos años preparó mi cuerpo para la llegada de Aina.

Veo el corazón, lleno todo de sangre, coágulos y placenta. Y, en el fondo, está él. Un ser de doce semanas de vida. Su carita alargada, sus bracitos recogidos, como quien está sumido en un profundo y placentero sueño. Sus piernecitas flacas.

Miremos directamente al corazón. No es fácil. Demasiado dolor. Demasiadas semanas de angustia, de no saber qué pasará. Para que, después de meses, pase lo ... peor?

Lágrimas. Si miramos el reflejo de las lágrimas, vemos el momento de la expulsión, en casa, dignamente, y posterior entierro. Ese algarrobo acogió ese momento, y tendrá ahora un significado especial. Tres personas a su alrededor. Las personas que más le hubieran querido. Las personas que ya le querían. Las personas que le querrán, y no le olvidarán.

No tendrá nombre. No tendrá registro. Pero habrá tenido amor durante tres meses. Tres meses tristes, de una esperanza que ha tenido que desvanecerse. Un corazón mal formado, sin compartimentos. Un corazón que no podría sobrevivir.

Miremos directamente al corazón. Ahí estará, para siempre.

miércoles, 25 de mayo de 2011

El otro tren

Anlurina ya se ha acomodado en su camarote porteño del tren. Está sentado, al lado de la ventana. Observando a lo lejos, aquel tren que comienza su marcha. Ocupado por mucha gente de toda España. Al principio todos eran jóvenes los que empezaron a ocupar los primeros asientos. Los que le dieron un rumbo a ese tren. Poco a poco. La edad de los ocupantes se fue dispersando. Todos tenían algo en común. Un mismo rumbo. Hay gente de Madrid, gente de Barcelona, de Murcia..., ¿y de Mallorca? ¿Habrá algún trocito de Tripotrapos en ese tren? Anlurina siente envidia por todos esos ocupantes. También desearía estar en ese tren. Compartiendo ideas, escuchando, ilusionándose por ese ímpetu nuevo que hace que ese tren recién construido comience a andar. Pero le toca estar aquí, separado por kilómetros de agua salada. Toca con sus dedos la ventana, y dibuja con ellos un contorno imaginario alrededor de ese nuevo tren. Lo acaricia con ternura y le da ánimos con sus dedos. Le intenta transmitir toda las ilusiones y fuerzas posibles desde la distancia.
De repente, Anlurina se despierta de las ensoñaciones que mantenía con las imágenes dibujadas en el cristal, y se acerca a su maleta. Durante este tiempo, dentro del camarote porteño, ha podido encontrar ciertos pequeños tesoros que le han emocionado durante el inicio de este viaje. Dos películas que hablan sobre el encuentro del amor jugando con elementos extraños, mostrando otros caminos, otros colores que descubren nuevos enfoques y visiones. La primera de ellas es un corto de Spike Jonze. I'm here. Se puede ver en su página web: www.imheremovie.com/ La historia de amor entre dos robots. Y la otra es de un director italiano, Paolo Sorrentino. Yo ya había visto una película suya que me encantó, Il Divo. Una sátira política sin contemplaciones, divertida, mordaz, audaz. Llena de surrealismo por todas partes, un nuevo surrealismo italiano. La película de la que quería hablar se llama Las Consecuencias del Amor. Fue su anterior trabajo. El comienzo de un amor extraño visto desde el imperturbable protagonista Titta di Girolamo. Nunca olvidaré ese nombre.
La visión de dos amores extraños y distintos para una Anlurina que de momento se encuentra sola en este camarote porteño. Ambos dos son amores asimétricos, descompensados hacia alguno de los lados, pero bien distintos. Uno de ellos es un amor fagocitario que va consumiendo voluntariamente al amador, en beneficio del amado. El otro se enfrenta al abismo del amor. Al descontrol de su control. En ambas películas el protagonista es la figura masculina. En ambas la soledad viene precedida al amor y se entrelaza con él. Amor y soledad. Nuestro mundo tan encapsulado. Tripotrapos habló sobre la antigua educación. También debemos luchar contra la alienación. Soledad, alienación, individualismo. En aquel tren que ve Anlurina a lo lejos encontró un elemento que le emocionó especialmente. En la actualidad, todos los elementos tecnológicos, arquitectónicos y culturales nos dirigen hacia el aislamiento social. Uno de los más potentes era internet, por sus infinitas aplicaciones y posibilidades. Pero en esta ocasión internet está siendo la locomotora que ha puesto a andar a ese tren tan peculiar que ve Anlurina a lo lejos. Pareciera que la juventud no está tan dormida después de todo. El estado de opinión se ha transformado en trend-topic. El mundo se transforma y los de siempre no se dan cuenta. El poder se agarra. La ilusión se abraza. La soledad se entremezcla en el amor de millones de formas distintas hasta preguntarse, ¿qué es malo y qué es bueno? La felicidad individual. Por rara que sea. Algo se aprendió en estos años de mala educación.

domingo, 22 de mayo de 2011

Viajes, maletas, vidas nuevas. Cuánto tiempo hacía que viajábamos en ese tren-blog? y nosotros sin limpiarlo, sin modificar su aspecto. No me había dado cuenta, pero estaba viejo, pertenecía a otra época, a otras personas.

Ya cambió todo. Monstruos tésicos que engullían al pobre Anlurina lo han dejado libre. Tripotrapos ya cambió tanto tanto... Cuando mira atrás ve a una chiquilla que pasea sola. Divertida... sí, se lo pasa bien, parece. A Tripotrapos le cae bien esa chiquilla, pero no es la misma que pasea ahora.

Ahora lleva siempre un bulto al lado, colgado en una tela, o gateando al lado de sus piernas... Acerquémonos y veremos la sonrisa alegre del nuevo ser, chispitas en los ojos de quien tiene todo por descubrir, la voz de quien está descubriendo los sonidos.

Tripotrapos ha perdido su identidad como único ser, y vive una maternidad consciente, ha perdido el egoísmo y aprendió a dormir con un ojo abierto, y una mano libre para poder actuar. Sabe perfectamente que el mundo, la época en la que le ha tocado vivir está preparada para la gente que corre de un sitio para otro, para la gente que quiere producir como produce la termomix, preparada para el egoísmo y la soledad. Y que el mundo está desquiciado. Desquiciados que han vivido sus primeros años en medio de pataletas, durmiendo solos en una habitación llena de horrendos juguetes, en medio de biberones a partir de los pocos meses, en medio del "Cállate ya", de "no toques" y "no hagas" y "me tienes harta". Y no necesitamos más desquiciados. Necesitamos más locos que sepan que el mundo les dará lo que quieran. Más locos que, con esta ilusión, apegada a sus pequeñísimos cerebros en formación, tengan el coraje de luchar por lo más justo y lo que más quieran. Y que, entonces, creen.

Por un mundo de locos creadores.

sábado, 23 de abril de 2011

La vuelta de Anlurina desde Buenos Aires

La maleta. Como pesa esta maleta. Anlurina la acomoda como puede en este tren. LLevas demasiadas cosas, Anlurina. Tantas cosas por contar por esa manía tuya de meter experiencias sin utilizarlas luego. Es tan pesada que no podrás mostrar en una sola entrada todos tus juguetes. Pero no importa. Porque Anlurina está de vuelta. Con agua y jabón, le ha cambiado la cara a este tren-blog. Parece como nuevo. Anlurina está contenta por esta nueva experiencia. Pero a la vez triste. Sentimientos encontrados que motivan la puesta a punto de este tren renovado. Anlurina abre su maleta. No del todo. Apenas una rendija por la que puede introducir su mano. Y encuentra Buenos Aires. Su nueva ciudad. Una ciudad enorme. Caótica. Pero siempre interesante. En estos momentos es un pequeño germen. Diminuto. Sin casa todavía. El alojamiento es proporcionado por amigos. Buenos Aires es una semilla que ha de germinar en este blog.

Introduce una vez más la mano. Y aparece un objeto muy pesado. Quizás el más pesado de toda la maleta. La tesis. Es un monstruo que lo engulle todo. Poco a poco, succiona experiencias, tiempo, fuerzas. Tanto, que la única sensación que emerge es estar ocupado. Anlurina olvidó estar desocupada. No me refiero a no hacer nada. No es ese el sentido. Cuando un monstruo de este tipo comienza a fagocitarlo todo, en realidad, lo que ocurre es la ocupación del monstruo en la mente. No es una cuestión de tiempo. Es una cuestión neuronal. La saturación presiona internamente hasta que la sensación de agobio lo consume todo. Las expectativas se paralizan, el pensamiento se monopoliza, las actividades paralelas se anulan. La fortaleza del monstruo es tan poderosa que engulle pasado, presente y futuro. Y así, una vez que el monstruo es vencido. Una vez que la tesis es leída. Aún perdura la sensación de ocupación, de agobio constante. Las heridas son demasiado profundas como para que cicatricen en unos cuantos días. Pero las heridas enseñan. Muestran nuestros miedos, nuestros errores. Y sirven para valorar aquellas pequeñas cosas que enriquecen la vida.

Una de ellas es este tren. Anlurina abre una ventana del tren. Entra aire fresco, aire marino. El delta de La Plata. Tan imponente. Parece entrar por esta pequeña ventana. Anlurina sostiene al monstruo. Se acerca a la ventana y le ofrece esta salida. El monstruo se despide. Al fin. Desde el respeto y la admiración que permanece por el contrincante tras la batalla. Como bien dice Sloterdijk. El monstruo admira el valor y el orgullo del iracundo. De aquel que, con una rodilla en tierra, se niega a darse por vencido y, a base de riñones, vuelve a levantarse cargando en sus espaldas el peso del monstruo. De este modo, el monstruo mira por última vez a Anlurina a los ojos. Extiende sus alas de plomo. Y se marcha. El tren respira hondo.

A todo vapor. El viaje comienza.

lunes, 11 de octubre de 2010

Nacimiento, Segunda parte.

Tripotrapos. Atrás quedaron esas oleadas de mil sensaciones de la última vez que viajamos en el blog.
Anlurina. Sí, pero... Y cómo terminó eso?
Tripotrapos. Las sensaciones fueron haciéndose mayúsculas, Anlurina. El cuerpo iba cambiando, abriéndose y contactando fuertemente con la naturaleza. Tras horas de mucha fuerza, como en las peleas de los amos de la selva que vemos en los documentales, de nervios y llantos y gritos y desmayos, ... un llanto. Un nuevo ser. Una niña. Muy blanca, de cara totalmente redonda, de ojos extremandamente achinados, preciosa. Acababan de nacer dos mujeres, una, todavía niña, con toda su vida por delante; la otra, acababa de nacer como nueva madre.

Ahora, casi 50 días después de la magia, una transformación ha tenido lugar en la casa que habitan las dos nuevas mujeres y el amoroso papá: ha pasado de una simple casa a ser un hogar, una familia. Risas y llantos se alternan en la carita de un bebé que descubre, cada día, nuevos elementos en el entorno que será su mundo. El día, la noche, el cuerpo, las personas, los olores, la música, ... Risas y llantos se alternan en las caras de unos nuevos papás que rebosan de un amor no conocido hasta entonces, imposible de superar.

Ahora, casi 50 días después de la magia, ya es seguro que no es un sueño, ni un delirio. Una nueva persona ha llegado y convive con nosotros y nos ayuda a aprender a ser humanos, a ser animales. Ni mejores ni peores personas, simplemente personas. A ser conscientes de dónde venimos, del amor que seguramente recibimos, aunque no lo recordemos. A ser conscientes del valor de un abrazo, que calma el llanto más desesperado. Del valor de un regazo, del valor de una voz, de un pecho maternal, de una canción, de un paseo.


Hasta muy pronto Anlurina.

lunes, 23 de agosto de 2010

Nacimiento

El momento llega. Oleadas de calor, de intensas emociones, la tripa dura, pequeños descansos entre una y otra.

Huesos que se ensanchan desde hace semanas. Piernas débiles y fuertes a la vez. El bebé está encajado desde hace tiempo, y se borró ya el cuello del útero. Una nueva persona está a punto de llegar, puntual a su cita, con la luna llena resplandeciendo sobre los pueblos, las calles, las playas.

Esperando en casa que sea el momento más oportuno para ir hacia esas cálidas, amorosas y sabias manos de las matronas, y que nos guíen y acompañen en ese momento único.

jueves, 18 de febrero de 2010

Presente, pasado, futuro.

Tripotrapos. Despierta Anlurina, estamos en la próxima parada. Todos esos colores que ves, no son más que los colores de la ilusión. La música que oyes, es la música del porvenir. El ritmo, es de un corazón que late, a su propio ritmo. Lleva ya 13 semanas haciéndolo, y se le da muy bien. Unos ojos grandes, tal cual platos de ensalada, viendo la imagen de un bebé en una pantalla. De dónde han salido esos brazos que mueve tan bien, de dónde han salido esas piernas que dobla tan bien por sus articulaciones, y esos pies, y esas manos, y la boca, y la nariz, y, y, …??

En esta estación del blog-móvil no ocurren cosas, sino que es una misma situación la que absorbe hasta tal punto de que el tiempo desaparece; la mente vaga en el pasado, también en el futuro, y sobre todo en el presente. Tras una finísima piel, se entrevé el cerebro, y también otros órganos de aquello que será una persona, en un futuro. ¿O ya lo es ahora? Eterna discusión. 6’2 cm de la cabeza al coxis. Abres la mano, y ahí estaría.

Respirar

Aunque mi cuerpo y mi mente estén tan alejados de la realidad que yo ni me dé cuenta, la conexión es total. En la eco podía ver cómo, al yo inspirar, el pequeño levantaba las piernas y las estiraba; al expirar, esas mismas piernas se doblaban por sus rodillas, todo en un orden, una paz, y una belleza sin igual. No pude reprimir la idea que eso es su pequeña danza, su pequeña gran danza.

Subamos al tren, o quedémonos aquí un rato más, simplemente observando, y respirando profundamente, al ritmo del baile de esta vida que va creándose…