Blog de aventuras de anlurina y tripotrapos
miércoles, 26 de octubre de 2011
Vacío
miércoles, 25 de mayo de 2011
El otro tren
cristal, y se acerca a su maleta. Durante este tiempo, dentro del camarote porteño, ha podido encontrar ciertos pequeños tesoros que le han emocionado durante el inicio de este viaje. Dos películas que hablan sobre el encuentro del amor jugando con elementos extraños, mostrando otros caminos, otros colores que descubren nuevos enfoques y visiones. La primera de ellas es un corto de Spike Jonze. I'm here. Se puede ver en su página web: www.imheremovie.com/ La historia de amor entre dos robots. Y la otra es de un director italiano, Paolo Sorrentino. Yo ya había visto una película suya que me encantó, Il Divo. Una sátira política sin contemplaciones, divertida, mordaz, audaz. Llena de surrealismo por todas partes, un nuevo surrealismo italiano. La película de la que quería hablar se llama Las Consecuencias del Amor. Fue su anterior trabajo. El comienzo de un amor extraño visto desde el imperturbable protagonista Titta di Girolamo. Nunca olvidaré ese nombre.La visión de dos amores extraños y distintos para una Anlurina que de momento se encuentra sola en este camarote porteño. Ambos dos son amores asimétricos, descompensados hacia alguno de los lados, pero bien distintos. Uno de ellos es un amor fagocitario que va consumiendo voluntariamente al amador, en beneficio del amado. El otro se enfrenta al abismo del amor. Al descontrol de su control. En ambas películas el protagonista es la figura masculina. En ambas la soledad viene precedida al amor y se entrelaza con él. Amor y soledad. Nuestro mundo tan encapsulado. Tripotrapos habló sobre la antigua educación. También debemos luchar contra la alienación. Soledad, alienación, individualismo. En aquel tren que ve Anlurina a lo lejos encontró un elemento que le emocionó especialmente. En la actualidad, todos los elementos tecnológicos, arquitectónicos y culturales nos dirigen hacia el aislamiento social. Uno de los más potentes era internet, por sus infinitas aplicaciones y posibilidades. Pero en esta ocasión internet está siendo la locomotora que ha puesto a andar a ese tren tan peculiar que ve Anlurina a lo lejos. Pareciera que la juventud no está tan dormida después de todo. El estado de opinión se ha transformado en trend-topic. El mundo se transforma y los de siempre no se dan cuenta. El poder se agarra. La ilusión se abraza. La soledad se entremezcla en el amor de millones de formas distintas hasta preguntarse, ¿qué es malo y qué es bueno? La felicidad individual. Por rara que sea. Algo se aprendió en estos años de mala educación.

domingo, 22 de mayo de 2011
sábado, 23 de abril de 2011
La vuelta de Anlurina desde Buenos Aires
Introduce una vez más la mano. Y aparece un objeto muy pesado. Quizás el más pesado de toda la maleta. La tesis. Es un monstruo que lo engulle todo. Poco a poco, succiona experiencias, tiempo, fuerzas. Tanto, que la única sensación que emerge es estar ocupado. Anlurina olvidó estar desocupada. No me refiero a no hacer nada. No es ese el sentido. Cuando un monstruo de este tipo comienza a fagocitarlo todo, en realidad, lo que ocurre es la ocupación del monstruo en la mente. No es una cuestión de tiempo. Es una cuestión neuronal. La saturación presiona internamente hasta que la sensación de agobio lo consume todo. Las expectativas se paralizan, el pensamiento se monopoliza, las actividades paralelas se anulan. La fortaleza del monstruo es tan poderosa que engulle pasado, presente y futuro. Y así, una vez que el monstruo es vencido. Una vez que la tesis es leída. Aún perdura la sensación de ocupación, de agobio constante. Las heridas son demasiado profundas como para que cicatricen en unos cuantos días. Pero las heridas enseñan. Muestran nuestros miedos, nuestros errores. Y sirven para valorar aquellas pequeñas cosas que enriquecen la vida.
Una de ellas es este tren. Anlurina abre una ventana del tren. Entra aire fresco, aire marino. El delta de La Plata. Tan imponente. Parece entrar por esta pequeña ventana. Anlurina sostiene al monstruo. Se acerca a la ventana y le ofrece esta salida. El monstruo se despide. Al fin. Desde el respeto y la admiración que permanece por el contrincante tras la batalla. Como bien dice Sloterdijk. El monstruo admira el valor y el orgullo del iracundo. De aquel que, con una rodilla en tierra, se niega a darse por vencido y, a base de riñones, vuelve a levantarse cargando en sus espaldas el peso del monstruo. De este modo, el monstruo mira por última vez a Anlurina a los ojos. Extiende sus alas de plomo. Y se marcha. El tren respira hondo.
A todo vapor. El viaje comienza.
lunes, 11 de octubre de 2010
Nacimiento, Segunda parte.
Anlurina. Sí, pero... Y cómo terminó eso?
Tripotrapos. Las sensaciones fueron haciéndose mayúsculas, Anlurina. El cuerpo iba cambiando, abriéndose y contactando fuertemente con la naturaleza. Tras horas de mucha fuerza, como en las peleas de los amos de la selva que vemos en los documentales, de nervios y llantos y gritos y desmayos, ... un llanto. Un nuevo ser. Una niña. Muy blanca, de cara totalmente redonda, de ojos extremandamente achinados, preciosa. Acababan de nacer dos mujeres, una, todavía niña, con toda su vida por delante; la otra, acababa de nacer como nueva madre.
Ahora, casi 50 días después de la magia, una transformación ha tenido lugar en la casa que habitan las dos nuevas mujeres y el amoroso papá: ha pasado de una simple casa a ser un hogar, una familia. Risas y llantos se alternan en la carita de un bebé que descubre, cada día, nuevos elementos en el entorno que será su mundo. El día, la noche, el cuerpo, las personas, los olores, la música, ... Risas y llantos se alternan en las caras de unos nuevos papás que rebosan de un amor no conocido hasta entonces, imposible de superar.
Ahora, casi 50 días después de la magia, ya es seguro que no es un sueño, ni un delirio. Una nueva persona ha llegado y convive con nosotros y nos ayuda a aprender a ser humanos, a ser animales. Ni mejores ni peores personas, simplemente personas. A ser conscientes de dónde venimos, del amor que seguramente recibimos, aunque no lo recordemos. A ser conscientes del valor de un abrazo, que calma el llanto más desesperado. Del valor de un regazo, del valor de una voz, de un pecho maternal, de una canción, de un paseo.
Hasta muy pronto Anlurina.
lunes, 23 de agosto de 2010
Nacimiento
jueves, 18 de febrero de 2010
Presente, pasado, futuro.
Tripotrapos. Despierta Anlurina, estamos en la próxima parada. Todos esos colores que ves, no son más que los colores de la ilusión. La música que oyes, es la música del porvenir. El ritmo, es de un corazón que late, a su propio ritmo. Lleva ya 13 semanas haciéndolo, y se le da muy bien. Unos ojos grandes, tal cual platos de ensalada, viendo la imagen de un bebé en una pantalla. De dónde han salido esos brazos que mueve tan bien, de dónde han salido esas piernas que dobla tan bien por sus articulaciones, y esos pies, y esas manos, y la boca, y la nariz, y, y, …??
En esta estación del blog-móvil no ocurren cosas, sino que es una misma situación la que absorbe hasta tal punto de que el tiempo desaparece; la mente vaga en el pasado, también en el futuro, y sobre todo en el presente. Tras una finísima piel, se entrevé el cerebro, y también otros órganos de aquello que será una persona, en un futuro. ¿O ya lo es ahora? Eterna discusión. 6’2 cm de la cabeza al coxis. Abres la mano, y ahí estaría.
Respirar
Aunque mi cuerpo y mi mente estén tan alejados de la realidad que yo ni me dé cuenta, la conexión es total. En la eco podía ver cómo, al yo inspirar, el pequeño levantaba las piernas y las estiraba; al expirar, esas mismas piernas se doblaban por sus rodillas, todo en un orden, una paz, y una belleza sin igual. No pude reprimir la idea que eso es su pequeña danza, su pequeña gran danza.
Subamos al tren, o quedémonos aquí un rato más, simplemente observando, y respirando profundamente, al ritmo del baile de esta vida que va creándose…