Tripotrapos. Despierta Anlurina, estamos en la próxima parada. Todos esos colores que ves, no son más que los colores de la ilusión. La música que oyes, es la música del porvenir. El ritmo, es de un corazón que late, a su propio ritmo. Lleva ya 13 semanas haciéndolo, y se le da muy bien. Unos ojos grandes, tal cual platos de ensalada, viendo la imagen de un bebé en una pantalla. De dónde han salido esos brazos que mueve tan bien, de dónde han salido esas piernas que dobla tan bien por sus articulaciones, y esos pies, y esas manos, y la boca, y la nariz, y, y, …??
En esta estación del blog-móvil no ocurren cosas, sino que es una misma situación la que absorbe hasta tal punto de que el tiempo desaparece; la mente vaga en el pasado, también en el futuro, y sobre todo en el presente. Tras una finísima piel, se entrevé el cerebro, y también otros órganos de aquello que será una persona, en un futuro. ¿O ya lo es ahora? Eterna discusión. 6’2 cm de la cabeza al coxis. Abres la mano, y ahí estaría.
Respirar
Aunque mi cuerpo y mi mente estén tan alejados de la realidad que yo ni me dé cuenta, la conexión es total. En la eco podía ver cómo, al yo inspirar, el pequeño levantaba las piernas y las estiraba; al expirar, esas mismas piernas se doblaban por sus rodillas, todo en un orden, una paz, y una belleza sin igual. No pude reprimir la idea que eso es su pequeña danza, su pequeña gran danza.
Subamos al tren, o quedémonos aquí un rato más, simplemente observando, y respirando profundamente, al ritmo del baile de esta vida que va creándose…