jueves, 25 de septiembre de 2008

Y ya acabó....

Tripotrapos. Ja ja ja! El tiempo se alarga, el tiempo se acorta. ¡Qué caprichoso es el tiempo! Recomiendo La montaña mágica, libro que me tiene abstraída desde final de verano. El tiempo, ¡qué fenómeno!


Parece que fue ayer, que empezaba el verano, que empezaba mi vida 100% rural, entre las verduras que me regalaba Pacha Mamma, sumida en el silencio de un pueblo que respeta el descanso, acariciada por los primeros rayos de sol cálidos tras las grandes lluvias primaverales, probando el toque de sal de un mar que, en invierno, también está ahí, pero más inaccesible. Y ya pasó.


Pero a la vez, parece que hace más de mil siglos que empezó el verano. Mil vidas transcurridas. En un verano, en los dos meses de descanso, ¿cuántas cosas pueden llegar a pasar?

Pero esa eternidad terminó, dejando tras sí un aroma salitre, un aroma a tierra, también. El aroma a la comida recién cocinada, también. El aroma a hogar, que nunca se olvida; ese aroma a hogar, que necesitamos recordar a veces, y que es imprescindible reconocer. El slow food ahora lo llaman. El poc a poc, el nuevo movimiento en Mallorca.


Empieza nuevo curso, nuevas tareas. El invierno se impone, las nubes empiezan a poblar el cielo. Miaaaw. Instituto en barrio más o menos marginal, rodeado de enormes y coloridos graffitis. A menos de 10 m, la autopista nos regala sus maravillosos sonidos zzzzzuuuuuu, fffiiiiiuuuuu, rrrrrrr, crcrcrcr, brrrbrrrrr. Desde el patio, puedes contar los coches rojos que pasan, los autobuses, las ambulancias, … Dentro del aula, estos sonidos se mitigan, sólo llegan ahí algunos aromas de la calle. Esa calle, tan recorrida por perros, a primera hora, quienes dejan –ellos y sus amos- sus señales inequívocas que pasaron por allí. Y ningún camión pasará a limpiarlo, ni ningún barrendero. Y ellos no sabrán nunca el asco que da. No lo sabrán.


En clase, unos gitanillos esperan a recibir las clases, junto a sus compañeros extranjeros, jóvenes africanos, sudamericanos, … Algunos sin padres, algunos han cometido ya alguna pequeña o no tan pequeña infracción por lo que la palabra “menores” no les es totalmente desconocida, … En general muy buena gente, lo que sumida en un mundo al cual la sociedad le da la espalda, y no lo quiere. Buena gente, aunque ignorante. Analfabetos de 15 años. ¿Leer? ¿Escribir?¿Sumar? Son conceptos difíciles.


Paseando por el barrio, había 3 gitanos mayores –unos 50-60 años- gritando y mirando al trasluz, para descifrar si era falso o verdadero, un billete de 500 €!!! En plena calle principal, a las 3 del mediodía. Surrealista. Claro, me dijo mi mente. ¡No temen a ser robados! ¡Ellos no!


¡Hasta pronto Anlurina!

jueves, 3 de julio de 2008

Verano.......... descanso

Tripotrapos. La primavera se fue, para ceder su lugar a ese tiempo de descanso, donde la mente reposa en un ir y venir del oleaje, en un ir y venir de las brisas marinas, ...

Verano llegó, y se llenaron las calles de conciertos al aire libre, de películas VOS en el patio del Casal Solleric, de gente buscando el ansiado viento fresco de la sombra, y también gente buscando los áridos rayos de Sol, para que despierten su melanina olvidada en el fondo del cuerpo.

Verano llegó y con él mi vida se volvió más sureña. Un casi traslado a Santanyí, un cambio de ciudad por pueblo, de aire cálido y enrarecido de tubos de escape y ruidos, por otro aire de olores diferentes, de olor a tierra y sabor a sonrisa. Cambio ruido por música. Cambio coche por bici, o suela del zapato.

Mira: un hombre joven, sí sí sí, allí. No lo conozco, ni lo había visto nunca. Creo que es guiri. Va al lado de un caballo, bellísimo, y va arando la tierra al estilo de mis abuelos! hagámosle la foto mental, porque la cámara quedó en casa.

Redescubrir las playas del sur, y descubrir nuevos rincones donde el contacto con el agua salada y la roca sea algo más íntimo, y más tranquilo.

Redescubrir la gente, las tiendas en las que el tiempo no es lo más importante, ni tampoco lo que compres, sino una conversación.

Y esos libros que hacen que el verano empiece como es debido, como el que sabiamente me regalaron hace unos meses de ese simpático autor italiano, Italo Calvino. "Si una noche de invierno un viajero" (Se una notte d'inverno un viaggiatore).





martes, 13 de mayo de 2008

Vuelta a la normalidad

Tripotrapos. Larga parada fue esta última. Necesaria, pues en esta estación he aprendido, y disfrutado, tantas cosas de la vida como ésta me ha querido enseñar.

Un sinnúmero de emociones, llegadas con la joven convivencia, unos trabajos de adaptación, de amolde, con esa ilusión que obliga a las sonrisas –y risas- estar ahí presentes, siempre. Infinidad de ideas, de proyectos, que van cayendo, uno tras otro, sólo con el empero de que solamente tenemos una vida, una y no más, y es luego cuando te ríes, pero desconoces el porqué.

Pero todo debe volver a la normalidad. Un hogar que ha sustituido a una casa, no es excusa para no montarse en el blogmóvil, y viajar junto con Anlurina por el mundo de imaginación y sabiduría, por ese mundo que no puede compararse a otro, por ese mundo creado por dos mentes que necesitaban estar en contacto, y que tanto se echa de menos cuando se deja a un lado.

Vienes, pues, Anlurina de nuevo de viaje? Vamos de nuevo a pasear entre las palabras? A saborear cada una de nuestras frases y hacer con ellas grandes historias?

Súbete a mi nueva bici plegable, y paseemos por la isla, que debo enseñarte muchas cosas nuevas. Entre ellas, escucha……………

Sí, ese sonido que se oye al fondo es un clarinete. Un hada me lo cedió, por un tiempo, indefinido, unos meses, quizás. Con algo de miedo lo cogí, monté sus cinco piezas, coloqué la caña en su sitio, ritual casi olvidado. El sonido tardó en aparecer. Ligero pitido inicial, áspero luego. Dolor en los labios, dolor en el diafragma. Horas más tarde, una melodía salió ya por la campana del instrumento. Una semana más tarde, ya había desempolvado las viejas partituras, y algunas nuevas ya habitaban sobre la mesa. La música volvía a abrazarme, y yo le devolvía el abrazo con una desconocida pasión. Ahora ya sin profesores, sin conservatorio, sin las infinitas y aburridas escalas de todo tipo de armaduras. Ahora ya, solamente, la música y yo. Y aquél que quiera unirse para disfrutar de la danza, del ritmo, del color de cada nota.

Y ahora, …. Anlurina? Qué haces? Por qué bajas de la bici plegable? Dónde vas? Ahhh! Ya entiendo. Son los primeros rayos cálidos del sol, que calientan la tierra, la arena, y las rocas. De acuerdo, disfruta un rato, largo o corto, de ello. Vuelve esa estación en la que el agua del mar vuelve a estar preparada para recibirnos, y el sol para calentarnos y acariciarnos durante nuestras largas siestas mediterráneas. Descansa, Anlurina, y nos vemos cuando despiertes.

jueves, 13 de marzo de 2008

La superficie cinematográfica.

Anlurina. Hace ya un tiempo que en estas breves paradas aparecen diversos comentarios y reflexiones acerca de las morfologías de las superficies. Casualmente la última película de los hermanos Coen, que ha cosechado tantos premios como malas críticas por parte del público, quizás por contar una historia de forma tan áspera, me ha mostrado visualmente una nueva perspectiva de la superficie. No es fácil describir lo que se siente cuando finaliza la película. Algunos lo llaman repulsa o desagrado, otros incomodidad, quizás asombro. A mí me produjo una satisfacción inmensa albergar ese sentimiento que no pude describir de forma alguna. Porque los hermanos Coen acababan de plasmar en su película toda la teoría de superficies que propone Deleuze. Lo prometo, esta será la última referencia que haga de su libro La lógica del sentido. Sin embargo, es cierto, sólo en la frontera, en esa línea diferencial imaginaria que separa el mismo polvo del desierto pero que el hombre se ha empeñado en diferenciar. Y menudas diferencias. Es en esa superficie que no tiene fin donde el metraje avanza, sin música, tan sólo el sonido de esa superficie para subrayar el espacio que devasta las mentes de esos personajes, tan empeñados, por otra parte, en analizar otra línea limítrofe más conceptual y tenebrosa, que es la que separa la vida y la muerte. Así transcurre durante toda la película, entremezclándose ambas superficies, traspasando la frontera para llegar al otro lado, haciendo que el canto de la moneda posea un grosor infinitesimal, para que la reflexión recurra a este azar. El azar es el que hace que el protagonista se encuentre ese escenario dantesco, y tras él se presenta la elección irreversible, la que marcará el camino. Un enfrentamiento entre superficies, una carrera entre ellas para llegar al límite y traspasarlo. Una carrera entre ambos protagonistas en sus respectivas superficies. Porque Anton Chigurh, el nombre que a todos se nos queda en la memoria, parece avanzar a través de las muertes que se va cobrando, como un fantasma, haciendo que la línea vida-muerte sea lo más delgada posible, como un ligero soplido disparado por su compresor de aire (un arma aterradora, que a la vez fortalece esa presencia fantasmal del personaje). Sin embargo, es el sheriff, interpretado maravillosamente por Tommy Lee Jones, el que nos rescata de esa vertiginosa carrera para presentarnos, reflejado en ese rostro melancólico y cansado, un país actualmente en decadencia, aquejado de muchos males y pocos remedios, en el cual todo tiempo pasado fue mejor. Es el sheriff el que recuerda el valor del presente, como el punto de inflexión entre el pasado y el futuro. De este modo, nuestro tercer personaje mira hacia atrás, para admirar la historia de aquellos que quisieron que el presente fuera de otra forma, y recurre a los sueños para vislumbrar el futuro. Es entonces cuando se da cuenta de que se encuentra en la frontera. La frontera entre el pasado y el futuro, frontera entre países que no cesan de cambiar, la frontera, en definitiva, entre la vida y la muerte.

viernes, 22 de febrero de 2008

transformaciones (II parte)

Tripotrapos. Una sonrisa aparece, primero pequeñita, luego grande, ya. Una sonrisa al verte, que estás a punto de coger mi mismo tren. La misma transformación, definitiva, claro está.

Vivir mejor que nadie. Compartir, ya no el piso o la casa, sino el hogar. Un tren lleno de ilusiones. Un presente cargadísimo de emociones, que miran con ansias al futuro.

Incluso me sonrojo al pensar en las aspiraciones que ansío. Entre ellas, está esta nueva creación de hogar, como lo han venido haciendo generaciones y más generaciones de humanos alrededor del mundo. Y entre ellas está, también, todo eso que estamos organizando, mi compañero y yo, pensando en el mañana. Pero en ese MAÑANA, el de las mayúsculas, ese que probablemente ni veremos. Ese que ya sólo verán quienes sean nuestros sucesores, así como yo estoy disfrutando de todo lo que dejaron mis antepasados, a quienes hago una leve –pero sincera- reverencia. El huerto que resucito es una pequeña muestra de la ilusión de la que estoy hablando. Otra muestra es el bosque que estamos plantando donde antes sólo había sol y calor en verano, frío y escarcha en invierno. Y este bosque será para los que vendrán, el día de mañana, nuestro futuro, deseo, y quieran sentarse a la sombra de los árboles, jugar entre los viejos troncos, trepar hasta las copas más altas, …

A veces pienso… y creo que nuestros ideales son algo quijotescos. Algo de locura hay en ellos. Pero luego la voz de Ilusión me dice que es gracias a las ideas casi utópicas e inalcanzables que son posibles los cambios geniales. Y dice esa voz también que todas estas quimeras, despacito van formando sus frutos, y es por ellas que cada mañana es posible levantarse y respirar el aire del nuevo día, con los ojos llenos de lágrimas buenas.

Y dice también Ilusión que las cosas que parecen locuras, sencillamente por su originalidad y el empeño en que vayan bien, son las más importantes.

Y no digamos ya si esas locuras tienen como finalidad la compañía de quien crees que te hará sonreír, ya definitivamente.

Dame la mano, pues, mi gran amigo, ¡y saltemos al nuevo tren!

jueves, 21 de febrero de 2008

Transformaciones.

Anlurina. Una parada cortita. De éstas que sirven para que el tren que va en la otra dirección pueda pasar (así es, en Murcia existe una única vía y uno de los trenes ha de hacerse a un lado. Que bonito...). Suficiente para desplegar mi configuración actual. Por eso hablaré, en el descansillo entre vagón y vagón, de las transformaciones. La actualidad es transformación tal y como está definida. Sin embargo, las actualidades de cada uno suelen poseer una cierta imperturbabilidad, dependiendo de las personas, por supuesto. Yo he vivido esas etapas, siempre tan agradecidas mentalmente, cómodo colchón que nos permite elevarnos hacia cuestiones secundarias. Ocurre, empero, que cuando esta estabilidad tan acolchada se antepone a una actualidad propia más favorable, con el único objetivo de no desprenderse de ese colchón al que le hemos cogido tanto cariño, las realidades propias se van cerrando cada vez más en uno, con más y más parches mentirosos que ocultan la precariedad de la situación. En ocasiones, no hace falta desprenderse totalmente del colchón. Es cierto, una tintorería hace milagros con los colchones enmohecidos y, a fin de cuentas, en la elección propia reside el poder de una persona (mal que le pese a muchos). Sin embargo, mi elección había ido tantas veces en esa misma dirección que la última elección fue la definitiva (esta frase es muy importante. Pensadla, por favor. Siempre debería ser así, que la última elección fuese siempre la definitiva). Y tiré el colchón con todo lo que éste sustentaba. Mi actualidad se definió entonces en transformación. Mundos de sensaciones olvidadas por redescubrir, pensaba yo, ¿sabré vivir en medio de transformaciones? Ahora viajo constantemente, no sólo en este tren. Mi vida actual son trenes que se llevan pedacitos de mí para que, cuando regresen, dejarme transformaciones causadas por las experiencias. Es magnífico, pero también todo un reto mental. En mi actualidad me enfrento a una de mis últimas transformaciones. Vivir en compañía. O lo que es lo mismo, hacer una apuesta por vivir mejor que nadie (aunque eso piense mi cabeza, que en definitiva es lo que a mi me vale). Entre medias han quedado transformaciones espléndidas, trenes que se marchan y otros que recuperan su andadura. Trenes, a fin de cuentas. Como éste nuestro, que ya comienza a andar, pues el tren que iba en sentido contrario ya pasó, dejando un temblor leve, una vibración infinita que se pregunta hacia donde marchan todas estas transformaciones. Misterios de tiempo y espacio, quizás.

martes, 22 de enero de 2008

Acerca de princesas.

Lo reconozco. Esta parada es un homenaje a Fernando León. No sólo por inspirar dicha parada, sino porque siempre he querido tener el valor de dedicar un homenaje a este imaginativo director. Tan comprometido con sus películas que cuando las finaliza las ha transformado en batallas hacia ningún lugar, pues ambos bandos ocupan un mismo espacio. Sentado en la butaca, o en el sillón, acepto esa batalla contra la historia que Fernando nos propone y que, a fin de cuentas, es una batalla contra uno mismo, contra nuestros propios pensamientos. Esa búsqueda del suicidio mental tan fascinante y que no acaba con los títulos de crédito, sino que sigue remanente, ronroneando... por allí dentro. En la última batalla, aplazada una y otra vez por falta de tiempo hasta que recientemente me pude sentar frente al televisor dispuesto con todas mis armaduras mentales, el poso estratificado entre mis sienes tenía nombre propio. Aquellas princesas... Me rondaban preguntas por doquier. ¿Es cierto que todas sois princesas? ¿Tan delicadas que no pueden separarse de su reino? ¿Y las brujas? ¿O todo es lo mismo? Tan delicada, que una pluma podrá rasgar su piel. Tan malvada, que con tan sólo una mirada de menosprecio podrá hacer desaparecer el mundo. Hay tantos rumores inciertos... Así que no me queda más remedio que acudir a la experiencia propia. Yo, en medio de princesas. ¿Te damos miedo, Anlurina? No, no es exactamente miedo. Podría llamarse incertidumbre. Incertidumbre ante el desconocimiento del terreno que en cada momento estoy pisando. Y esta incertidumbre no me supone peligro alguno. No, no es peligro. Simplemente es incertidumbre. Pues siempre es tan agradable pisar este terreno. Recorrerlo con los pies desnudos, para poder estudiarlo mejor. Para entonces encontrar la incertidumbre insalvable. Si el terreno en el que me encuentro es una superficie inmensa, ideal para poder ser investigada, ¿cuándo será el momento en que la grieta invisible me atraiga hasta dentro de sí? O al contrario, si me encuentro cayendo hacia el vacío, ¿cómo es que siento de repente esa brisa tan característica que recorre la superficie? Con todas estas complicaciones, hay hombres que enloquecen, que olvidan que esta geografía tan especial no pertenece a ellos. Es externa, siempre es externa, aunque puedas recorrerla una y otra vez, investigándola, mimándola, apreciándola e, incluso, desesperado por tanta incertidumbre, detestándola. Las princesas son princesas, con sus pliegues tan especiales, tan delicados e inabordables. Destruir el pliegue significa no querer nada, morirse por dentro, fagocitado por el vacío todo desaparece. Y aún así hay muchos que recurren a esta opción, engañados por su propia estupidez, que cree una y otra vez que todos esos pliegues forman parte de él. Tan tonto que lo que realmente buscaba era arrancarse la piel. Suicidarse.
Y de esta forma, recorro los pliegues que, en ocasiones, se estiran hasta formar una preciosa superficie y en otras se encogen para atraparme en recovecos imposibles. Pero todo esto. Todo. Es un juego entre las princesas y los hombres. Un juego tan fascinante, tan fascinante, que aún hoy sigo perdiendo. Y no me importa, que ganen ellas tantas veces como deseen. Yo ya estoy ganando cada vez que recorro estas superficies con todos mis sentidos. Idiotas. Os jode tanto perder que no os percatáis que os ha caído un regalo del cielo al permitir que esa princesa os deje investigar entre sus pliegues. Tan fácil como afirmar la incertidumbre. Entonces comprenderéis la grandeza de las princesas. El tren se escapa. Gracias Fernando.

jueves, 10 de enero de 2008

COSECHA DE AÑO NUEVO

Tripotrapos. Dónde estamos? En qué parada nos encontramos? Ah! Sí! Es esa, la del año nuevo, que nos pilla a todos un poquito más gordos que en la parada anterior. Algunos un poquito defraudados, porque se habían hecho otra idea del año nuevo... En realidad, desde mi mundo felino sé que no cambia nada. Lo único, un empacho de turrones y comidas familiares, que todo sea dicho de paso, una vez al año no hace daño. Pero sólo una vez. Sobre todo, si tienes un motivo para escapar, y lo aprovechas. Entonces es un viaje, aunque sea interior, aunque el máximo de kilómetros que recorras sean los 45 de Palma hasta Santanyí. O los 300 m de la casa donde resido en el pueblo hasta el lugar que tiene la facultad de transportarme.


Aunque invernal, ya empezó la cosecha. Ven conmigo, verás cómo quedó, verás los resultados. Primero, los resultados interiores: observa dentro de mi pecho... la paz, el corazón que late fuerte fuerte al mismo ritmo exacto que la naturaleza dominada, las horas de esfuerzo sano, los árboles, cítricos que estaban muriéndose de pena porque nadie los cuidaba, ahora renacen y regalan sus frutos, niños de la familia que se apuntan al juego primitivo de sembrar y recoger, reír, jugar, correr, ...


Leña. Otro tipo de cosecha. Las partes muertas que debemos quitar, durante el día, al árbol, sirven durante la noche para una velada cálida en la chimenea, junto a un libro y algo que poner sobre las brasas. Y acompañan perfectamente una buena conversación, nuevas ideas e ilusiones, viejos chistes y bromas, silencios observando el fuego.