jueves, 21 de febrero de 2008

Transformaciones.

Anlurina. Una parada cortita. De éstas que sirven para que el tren que va en la otra dirección pueda pasar (así es, en Murcia existe una única vía y uno de los trenes ha de hacerse a un lado. Que bonito...). Suficiente para desplegar mi configuración actual. Por eso hablaré, en el descansillo entre vagón y vagón, de las transformaciones. La actualidad es transformación tal y como está definida. Sin embargo, las actualidades de cada uno suelen poseer una cierta imperturbabilidad, dependiendo de las personas, por supuesto. Yo he vivido esas etapas, siempre tan agradecidas mentalmente, cómodo colchón que nos permite elevarnos hacia cuestiones secundarias. Ocurre, empero, que cuando esta estabilidad tan acolchada se antepone a una actualidad propia más favorable, con el único objetivo de no desprenderse de ese colchón al que le hemos cogido tanto cariño, las realidades propias se van cerrando cada vez más en uno, con más y más parches mentirosos que ocultan la precariedad de la situación. En ocasiones, no hace falta desprenderse totalmente del colchón. Es cierto, una tintorería hace milagros con los colchones enmohecidos y, a fin de cuentas, en la elección propia reside el poder de una persona (mal que le pese a muchos). Sin embargo, mi elección había ido tantas veces en esa misma dirección que la última elección fue la definitiva (esta frase es muy importante. Pensadla, por favor. Siempre debería ser así, que la última elección fuese siempre la definitiva). Y tiré el colchón con todo lo que éste sustentaba. Mi actualidad se definió entonces en transformación. Mundos de sensaciones olvidadas por redescubrir, pensaba yo, ¿sabré vivir en medio de transformaciones? Ahora viajo constantemente, no sólo en este tren. Mi vida actual son trenes que se llevan pedacitos de mí para que, cuando regresen, dejarme transformaciones causadas por las experiencias. Es magnífico, pero también todo un reto mental. En mi actualidad me enfrento a una de mis últimas transformaciones. Vivir en compañía. O lo que es lo mismo, hacer una apuesta por vivir mejor que nadie (aunque eso piense mi cabeza, que en definitiva es lo que a mi me vale). Entre medias han quedado transformaciones espléndidas, trenes que se marchan y otros que recuperan su andadura. Trenes, a fin de cuentas. Como éste nuestro, que ya comienza a andar, pues el tren que iba en sentido contrario ya pasó, dejando un temblor leve, una vibración infinita que se pregunta hacia donde marchan todas estas transformaciones. Misterios de tiempo y espacio, quizás.

No hay comentarios.: