Tripotrapos. Vamos Anlurina! Súbete a este tren que se está oxidando de tanto estar parado! Que sí que sí, que ya sé que tienes cosas que hacer, cosas que escribir en otros papeles que no más importantes, pero sí más productivos, quizás. Pero súbete y ríete conmigo de la parada última. Cambios... Así la titulé.
Parece mentira que, según pasa el tiempo, lo que en un momento de la vida vemos como un gran cambio, no sea sino el anticipo de otro mucho más grande, mucho más importante.
En septiembre creía que había hecho un gran paso. Cambiar la residencia, observar mi cambio personal y enorgullecerme de mi camino, por muy errante que haya podido ser, que pueda parecer. Cambiar las mil opciones de la ciudad, con toda su oferta cultural, sus bares, tanta gente, el anonimato, ... Cambiar todo eso por la gente de siempre, por la tranquilidad de un solitario paseo entre los campos de trigo, cuyo cambio sólo indica la estación del año en la que nos encontramos (hasta ahora, marrón del campo recién arado, ahora empiezan a brotar los pequeños hierbajos del trigo candeal típicos del sur de la isla, y más adelante tallos altos, fuertes, verdes, que virarán al dorado en verano... y así año tras año, año tras año, los mismos pájaros, el mismo ruido del viento que silba diferentes melodías según el grado de maduración del trigal...).
Cambiar el trabajo en la ciudad, con unos alumnos lejanos a mi entorno, con el anonimato de las tardes fuera de las aulas. Cambiarlo por el trabajo en el pueblo, donde las tardes no son más que una continuación de las mañanas, donde cada paseo recorriendo las calles de Santanyí son un encuentro con algún "hola profe, que pases una buena tarde!" Reconozco que es necesaria cierta madurez para poder sobrellevarlo sin que implique ningún cambio en mi humor. Al final te das cuenta que aquí la vida no está dividida en bloques con muros de hormigón donde cada bloque es un aspecto de tu vida: que si los amigos, que si la familia, que si el trabajo, el hobby, el ejercicio físico. Aquí todo está relacionado, las paredes que separan una cosa de la otra no son más que tímidos paneles japoneses.
De esto me escapaba a mis 18 años. Aunque ahora es diferente. Ahora aprecio la vida como única, y no como compartimentos.
Y supongo que por eso, porque era el momento adecuado, la vida me ha concedido lo que, en este momento, creo que es el mayor cambio que puedo haber tenido en mi vida. Ni idea de las consecuencias, ni idea de si conllevará a algo todavía mayor. Ni idea de si llevará a una profunda tristeza. Ni idea, aunque sí muchas ilusiones, muchos planes, muchos futuros.
Y es que es inimaginable lo pequeñines que somos al lado de la Vida. Algo que brota, no sabes, casi, ni cómo empezó, no sabes qué pasa, pero de repente, algo nuevo empieza. En el cuerpo hay otro corazón latiendo. Así, sin más. Y a partir de ese corazón empieza a crecer una cabeza, y una columna, y ... Pero qué ocurre?? Cómo sabe cómo hacerlo? Cómo puede ser tan listo un simple corazón de pocos milímetros de diámetro? Cómo sabe, si tansiquiera es un pequeño pececito de 17 mm, informarme tan claramente qué quiere que yo coma y lo que no? Cómo puede él solito conseguir que yo ya no coma más chocolate ni patatillas Lays? Y cambiar todo eso por caldos y purés de verduras multicolor?
Cambios... El 2010 promete.
Parece mentira que, según pasa el tiempo, lo que en un momento de la vida vemos como un gran cambio, no sea sino el anticipo de otro mucho más grande, mucho más importante.
En septiembre creía que había hecho un gran paso. Cambiar la residencia, observar mi cambio personal y enorgullecerme de mi camino, por muy errante que haya podido ser, que pueda parecer. Cambiar las mil opciones de la ciudad, con toda su oferta cultural, sus bares, tanta gente, el anonimato, ... Cambiar todo eso por la gente de siempre, por la tranquilidad de un solitario paseo entre los campos de trigo, cuyo cambio sólo indica la estación del año en la que nos encontramos (hasta ahora, marrón del campo recién arado, ahora empiezan a brotar los pequeños hierbajos del trigo candeal típicos del sur de la isla, y más adelante tallos altos, fuertes, verdes, que virarán al dorado en verano... y así año tras año, año tras año, los mismos pájaros, el mismo ruido del viento que silba diferentes melodías según el grado de maduración del trigal...).
Cambiar el trabajo en la ciudad, con unos alumnos lejanos a mi entorno, con el anonimato de las tardes fuera de las aulas. Cambiarlo por el trabajo en el pueblo, donde las tardes no son más que una continuación de las mañanas, donde cada paseo recorriendo las calles de Santanyí son un encuentro con algún "hola profe, que pases una buena tarde!" Reconozco que es necesaria cierta madurez para poder sobrellevarlo sin que implique ningún cambio en mi humor. Al final te das cuenta que aquí la vida no está dividida en bloques con muros de hormigón donde cada bloque es un aspecto de tu vida: que si los amigos, que si la familia, que si el trabajo, el hobby, el ejercicio físico. Aquí todo está relacionado, las paredes que separan una cosa de la otra no son más que tímidos paneles japoneses.
De esto me escapaba a mis 18 años. Aunque ahora es diferente. Ahora aprecio la vida como única, y no como compartimentos.
Y supongo que por eso, porque era el momento adecuado, la vida me ha concedido lo que, en este momento, creo que es el mayor cambio que puedo haber tenido en mi vida. Ni idea de las consecuencias, ni idea de si conllevará a algo todavía mayor. Ni idea de si llevará a una profunda tristeza. Ni idea, aunque sí muchas ilusiones, muchos planes, muchos futuros.
Y es que es inimaginable lo pequeñines que somos al lado de la Vida. Algo que brota, no sabes, casi, ni cómo empezó, no sabes qué pasa, pero de repente, algo nuevo empieza. En el cuerpo hay otro corazón latiendo. Así, sin más. Y a partir de ese corazón empieza a crecer una cabeza, y una columna, y ... Pero qué ocurre?? Cómo sabe cómo hacerlo? Cómo puede ser tan listo un simple corazón de pocos milímetros de diámetro? Cómo sabe, si tansiquiera es un pequeño pececito de 17 mm, informarme tan claramente qué quiere que yo coma y lo que no? Cómo puede él solito conseguir que yo ya no coma más chocolate ni patatillas Lays? Y cambiar todo eso por caldos y purés de verduras multicolor?
Cambios... El 2010 promete.
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