viernes, 1 de junio de 2007

tercera parada

Tripotrapos. Y mi parada es la tercera. Es una parada un tanto diferente, por lo que veo. Miro a mi alrededor… ¿dónde estoy? … todo es un tanto gris… ¡Oh! ¡Allí hay un poco de luz, vayamos allá, pues!

¡Vaya! Claro, como soy nueva en esto de los bloggs, todavía no conozco cuándo es el momento justo de bajarse. Yo había oído la voz, bellísima, por cierto, que anunciaba: “TER_CE_RA_PA_RA_DA”. Y me he lanzado fuera del blogmóvil. Pero claro, tenía que esperar un poco, a que se parara del todo. Creo que le cogeré el truco: es como el bus o el metro, pero con arrobas y bits.

Bueno, ya he llegado a la luz. Menos mal, porque empezaba a darme claustrofobia. ¿Vienes conmigo a dar una vuelta, Anlurina? Bueno, tú dices que prefieres quedarte a descansar, no te preocupes, ya voy sola, que bien seguro encuentro algo interesante que ya te contaré.

Y caminando, encuentro una ciudad, una ciudad grande y gris. Un olor a contaminación, a humo, a malhumor. Una ciudad enferma. Y le hablo. Y le pregunto cómo ha llegado a ese estado. Me cuenta que es un virus que tienen muchas ciudades, muchas de las ciudades vecinas. Es debido a una mala gestión, a un abandono, a una falta de cariño hacia ella. Todo el mundo aprovecha sus cualidades, pero nadie la respeta, nadie le profesa el amor con el que ella trata a quienes en ella residen.

¿Nadie? Bueno, alguien. Una ráfaga de viento llega hasta donde yo estoy. La ráfaga lleva en su seno un aroma. No es el fétido aire cargado al que ya me estoy acostumbrando. Es un plist de aire puro, con oxígeno y excelente fragancia.

Ciudad me conduce hasta la zona dónde empieza el bálsamo. Es un piso, y en ese piso un gran balcón. Y no es gran por sus dimensiones, sino por lo que contiene, todo en perfecto orden y limpieza. Tres hojas en el suelo. Secas. Las tres hojas pertenecieron a la hermosa planta de fantástico aroma que reposa sus raíces en el amplio tiesto que hay sobre la mesita. Planta que me regala cinco fresas, las mejores que jamás haya comido.

Fin de la parada, vuelvo al blogmóvil. El camino debe continuar.

No hay comentarios.: