Tripotrapos. La primavera se fue, para ceder su lugar a ese tiempo de descanso, donde la mente reposa en un ir y venir del oleaje, en un ir y venir de las brisas marinas, ...
Verano llegó, y se llenaron las calles de conciertos al aire libre, de películas VOS en el patio del Casal Solleric, de gente buscando el ansiado viento fresco de la sombra, y también gente buscando los áridos rayos de Sol, para que despierten su melanina olvidada en el fondo del cuerpo.
Verano llegó y con él mi vida se volvió más sureña. Un casi traslado a Santanyí, un cambio de ciudad por pueblo, de aire cálido y enrarecido de tubos de escape y ruidos, por otro aire de olores diferentes, de olor a tierra y sabor a sonrisa. Cambio ruido por música. Cambio coche por bici, o suela del zapato.
Mira: un hombre joven, sí sí sí, allí. No lo conozco, ni lo había visto nunca. Creo que es guiri. Va al lado de un caballo, bellísimo, y va arando la tierra al estilo de mis abuelos! hagámosle la foto mental, porque la cámara quedó en casa.
Redescubrir las playas del sur, y descubrir nuevos rincones donde el contacto con el agua salada y la roca sea algo más íntimo, y más tranquilo.
Redescubrir la gente, las tiendas en las que el tiempo no es lo más importante, ni tampoco lo que compres, sino una conversación.
Y esos libros que hacen que el verano empiece como es debido, como el que sabiamente me regalaron hace unos meses de ese simpático autor italiano, Italo Calvino. "Si una noche de invierno un viajero" (Se una notte d'inverno un viaggiatore).

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