Tripotrapos. Ja ja ja! El tiempo se alarga, el tiempo se acorta. ¡Qué caprichoso es el tiempo! Recomiendo La montaña mágica, libro que me tiene abstraída desde final de verano. El tiempo, ¡qué fenómeno!
Parece que fue ayer, que empezaba el verano, que empezaba mi vida 100% rural, entre las verduras que me regalaba Pacha Mamma, sumida en el silencio de un pueblo que respeta el descanso, acariciada por los primeros rayos de sol cálidos tras las grandes lluvias primaverales, probando el toque de sal de un mar que, en invierno, también está ahí, pero más inaccesible. Y ya pasó.
Pero a la vez, parece que hace más de mil siglos que empezó el verano. Mil vidas transcurridas. En un verano, en los dos meses de descanso, ¿cuántas cosas pueden llegar a pasar?

Pero esa eternidad terminó, dejando tras sí un aroma salitre, un aroma a tierra, también. El aroma a la comida recién cocinada, también. El aroma a hogar, que nunca se olvida; ese aroma a hogar, que necesitamos recordar a veces, y que es imprescindible reconocer. El slow food ahora lo llaman. El poc a poc, el nuevo movimiento en Mallorca.
Empieza nuevo curso, nuevas tareas. El invierno se impone, las nubes empiezan a poblar el cielo. Miaaaw. Instituto en barrio más o menos marginal, rodeado de enormes y coloridos graffitis. A menos de 10 m, la autopista nos regala sus maravillosos sonidos zzzzzuuuuuu, fffiiiiiuuuuu, rrrrrrr, crcrcrcr, brrrbrrrrr. Desde el patio, puedes contar los coches rojos que pasan, los autobuses, las ambulancias, … Dentro del aula, estos sonidos se mitigan, sólo llegan ahí algunos aromas de la calle. Esa calle, tan recorrida por perros, a primera hora, quienes dejan –ellos y sus amos- sus señales inequívocas que pasaron por allí. Y ningún camión pasará a limpiarlo, ni ningún barrendero. Y ellos no sabrán nunca el asco que da. No lo sabrán.
En clase, unos gitanillos esperan a recibir las clases, junto a sus compañeros extranjeros, jóvenes africanos, sudamericanos, … Algunos sin padres, algunos han cometido ya alguna pequeña o no tan pequeña infracción por lo que la palabra “menores” no les es totalmente desconocida, … En general muy buena gente, lo que sumida en un mundo al cual la sociedad le da la espalda, y no lo quiere. Buena gente, aunque ignorante. Analfabetos de 15 años. ¿Leer? ¿Escribir?¿Sumar? Son conceptos difíciles.
Paseando por el barrio, había 3 gitanos mayores –unos 50-60 años- gritando y mirando al trasluz, para descifrar si era falso o verdadero, un billete de 500 €!!! En plena calle principal, a las 3 del mediodía. Surrealista. Claro, me dijo mi mente. ¡No temen a ser robados! ¡Ellos no!
¡Hasta pronto Anlurina!
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