Tripotrapos. Qué extraño! Cuánto crece el mundo cuando abres los ojos! Qué extraño, qué lejos que se van los límites cuando intentas buscarlos, con la condición de no saltarse nada. Los humanos somos extraños.
Estos últimos años han aparecido en mi vida tantas cosas nuevas de las que nunca hablarían nuestras apreciadas TVs! De las que bien se guardan los comerciantes de hacer propaganda! Empecé comprando una mooncup, una copa de luna. Algo tan higiénico como el chupete que una mamá daría a su bebé. Algo que es de la mujer, y que es la mujer la que se encarga de su limpieza, de su esterilización, de su conservación. Algo que la mujer no tira hasta pasados diez años, veinte, … Ningún residuo echado por el WC, ni a la basura. Ningún residuo que haga crecer la montaña que hay al lado de la incineradora, de la cual se alimentan numerosas gaviotas patiamarillas. Nada en el cuerpo que desconoces por qué manos ha pasado. Ningún blanqueante, ningún elemento tóxico, nada que reseque la delicada zona.
Pues, después de la mooncup, llegó la bola de lavar. ¿Por qué nadie hace eco de estas maravillas? Desaparece el detergente de la lista de la compra. La magia de la bola se hace presente en el momento en el que gira el tambor de la lavadora. Solas, sus bolitas cerámicas, van ejerciendo la acción de detergente, dejando como residuo, solamente, el agua y la suciedad. Nada de detergentes que, antes o después, serán echados al mar, y volveran a nuestra casa en forma de peces caros, por su evidente escasez.
Y después de la bola de lavar, llega la ecoducha. Fenómeno donde los haya, ya que no solo purifica el agua, sino que hace que también desaparezca el gel de la lista de la compra…
Y ahora aparece la Stevia. Planta 30 veces más dulce que el azúcar, sin ninguna caloría, tolerada por los diabéticos, sin ninguna contraindicación. Las fuertes presiones de compañías como Coca Cola son las que impiden su comercialización. Ahora, desde algunas entidades de payeses mallorquines, quieren hacernos llegar sus formas de cultivo, y sus semillas.
¿Por qué es tan sencillo para la gente llegar hasta las drogas, pero es casi imposible que cosas tan sencillas, tan económicas, tan prácticas, lleguen hasta todos los hogares? ¿En qué mundo vivimos?
Estos últimos años han aparecido en mi vida tantas cosas nuevas de las que nunca hablarían nuestras apreciadas TVs! De las que bien se guardan los comerciantes de hacer propaganda! Empecé comprando una mooncup, una copa de luna. Algo tan higiénico como el chupete que una mamá daría a su bebé. Algo que es de la mujer, y que es la mujer la que se encarga de su limpieza, de su esterilización, de su conservación. Algo que la mujer no tira hasta pasados diez años, veinte, … Ningún residuo echado por el WC, ni a la basura. Ningún residuo que haga crecer la montaña que hay al lado de la incineradora, de la cual se alimentan numerosas gaviotas patiamarillas. Nada en el cuerpo que desconoces por qué manos ha pasado. Ningún blanqueante, ningún elemento tóxico, nada que reseque la delicada zona.
Pues, después de la mooncup, llegó la bola de lavar. ¿Por qué nadie hace eco de estas maravillas? Desaparece el detergente de la lista de la compra. La magia de la bola se hace presente en el momento en el que gira el tambor de la lavadora. Solas, sus bolitas cerámicas, van ejerciendo la acción de detergente, dejando como residuo, solamente, el agua y la suciedad. Nada de detergentes que, antes o después, serán echados al mar, y volveran a nuestra casa en forma de peces caros, por su evidente escasez.
Y después de la bola de lavar, llega la ecoducha. Fenómeno donde los haya, ya que no solo purifica el agua, sino que hace que también desaparezca el gel de la lista de la compra…
Y ahora aparece la Stevia. Planta 30 veces más dulce que el azúcar, sin ninguna caloría, tolerada por los diabéticos, sin ninguna contraindicación. Las fuertes presiones de compañías como Coca Cola son las que impiden su comercialización. Ahora, desde algunas entidades de payeses mallorquines, quieren hacernos llegar sus formas de cultivo, y sus semillas.
¿Por qué es tan sencillo para la gente llegar hasta las drogas, pero es casi imposible que cosas tan sencillas, tan económicas, tan prácticas, lleguen hasta todos los hogares? ¿En qué mundo vivimos?
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