viernes, 29 de junio de 2007

PARADA DE REFLEXIÓN.

Anlurina. Con la cabeza apoyada en el sillón, los árboles pasan rápido a través de la ventana. De repente, éstos se lentifican hasta detenerse completamente. Veo mi reflejo en el cristal. No nos encontramos en ninguna estación. Y a pesar de todo continuamos detenidos. Todos los que viajamos en este tren nos desperezamos y curioseamos por las ventanas con el objetivo de encontrar las causas de esta nueva parada. Allá a lo lejos, desde la sala de máquinas del tren, aparece un señor vestido con un mono repleto de manchas de carbón y aceite. "Es el Maquinista", me susurran al oído. Mientras camina se limpia su cara, oscurecida por el polvo del carbón, con un viejo pañuelo de seda gris. Lentamente, se dirige a una pequeña roca blanquecina, que se encuentra aproximadamente delante de la mediatriz del tren. La escala de manera tan torpe que algunos viajeros no pueden resistir soltar una carcajada. El tren expectante. El maquinista, sonriente, nos mira a todos. Comienza su función.

- Basta una sola persona sin alegría para infectar toda una casa y para oscurecer el ambiente. ¡Y se necesita un milagro por lo menos para que no haya siempre una persona así! - La felicidad no es una enfermedad tan contagiosa - ¿Por qué será? (F. Nietzsche. La Gaya Ciencia, aforismo nº239). Ahora, señores míos, reflexionen hasta que las máquinas se pongan en marcha y reanudemos las aventuras de este blog.

Con la misma torpeza con la que el maquinista había subido, se baja de la roca blanquecina y se encamina con aire risueño de vuelta a la sala de máquinas del tren. Todos volvemos a nuestros asientos. Exhaustos de no hacer nada. Tan solo mirar. Y escuchar. Vuelvo a comprobar mi reflejo en la ventana. Sigo aquí. ¿Nietzsche opina que la responsabilidad de no ser infeliz es incluso mayor que la de ser feliz? La infelicidad del individuo no sólo concierne a éste, sino también a los individuos que se encuentran en sus inmediaciones. Y sin embargo, seguimos siendo tan irresponsables... Es gracioso argumentar, "si no lo haces por ti, por lo menos hazlo por aquellos que conviven contigo". La felicidad de Nietzsche es una responsabilidad personal. La infelicidad es una responsabilidad social. La magia del individuo. El tren empieza a moverse. Todos los ocupantes comienzan a despertar de su reflexión. Los árboles vuelven a pasar veloces. La próxima parada es tuya, Tripotrapos.

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