domingo, 8 de julio de 2007

reflexión gatuna al amanecer de julio

Tripotrapos. El blog-móvil avanza despacio. Se para, alguna vez. Una ojeada gatuna se desplaza sobre los demás pasajeros, todos dormidos. Es el momento de la reflexión, también para mí. Mientras un ronroneo sale de mi interior, en la cabeza me rondan las palabras tranquilidad, felicidad, alegría, diversión, tristeza, alegría, tristeza, …

¿Cómo sabe uno que está triste? ¿Cómo sabe uno que está alegre? ¿Por qué esta tendencia a clasificar? ¿A clasificar los sentimientos? ¿A clasificar las emociones?

La vida (o las diferentes vidas, en el caso tripotraporesco) se compone de demasiadas cosas para que TODAS vayan bien, o para que TODAS vayan mal.

Las depresiones. La enfermedad de nuestros días: obsesión por uno de los aspectos de la vida. Nada más. Obsesión, pero no tristeza. Pero no amargura. Obsesión.

Trastornos mentales. Otra enfermedad de nuestros días. Fugitivos. Escapistas mentales de alguno de los aspectos de la vida. Pero no tristeza, pero no amargura. Fugitivos.

Uno de los pasajeros, un señor muy mayor, de barba blanca, habla en sueños. Dice algo relacionado. Algo así como que la vida, que él la conoce muy bien, debido a que convive con ella desde hace muchos años, pues la vida te da un pellizco de todas las cosas posibles. En principio, no tienen por qué ser buenas ni malas. Nosotros tenemos que jugar con ellas. Ahí se ve nuestro nivel como jugadores.

El señor de barba blanca se despereza, abre los ojos, y sonríe. Parece que ha tenido un sueño agradable. Enseguida los demás pasajeros van entreabriendo sus párpados, y la luz del día pasa a través de ellos, dejándoles ver el mundo de colores, formas y texturas que nos envuelve a todos cada mañana. Una sonrisa general y un murmuro de voces, pequeñas, todavía, van llenando la sala.

Anlurina se despierta también, a mi lado. Me acaricia el lomo y nota el ronroneo. Me coloca en su regazo, donde un plácido sueño va a acompañarme hasta la hora de la comida. Miau.

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