lunes, 20 de agosto de 2007

paramos el tiempo en llucalcari?

Tripotrapos. Perdida la cuenta ya del número de paradas de este blog-móvil, debemos hacer un alto en el camino. Debemos abrir la vieja puerta de madera que tenemos ante nosotros, y bajar los tres peldaños, o cuatro, que nos separan del suelo.

Debemos, luego, levantar la vista, y observar el camino que empieza bajo nuestros pies, para después seguirlo, y adentrarnos en ese pequeño bosque, y que nos unirá con el mar.

Llucalcari. Piedras de cantos rodados, barro, arcilla, el mar, la fuente cargada de agua, todavía, agua procedente de las abundantes lluvias que nos cedió la primavera, lejana ya.

Un pinar; tenazas de tierra, plana, contenida gracias a las “marjades” de pared seca que alguien en la antigüedad construyó sabiamente.

Y en una de esas tenazas, un grupo de personas, unidas en un encuentro espontáneo aunque organizado, realizando talleres espontáneos, han hecho de ese paraje su hogar por un fin de semana.

Mientras la brisa del mar los acariciaba levemente, desde el piso inferior, el sol los mimaba al entrar por los espacios que dejaban las hojas de los viejos pinos.

Y ahí, en medio de ese bello rincón, talleres varios de pachorra, de contact, de clown, nuevos instrumentos musicales de otra galaxia amenizando una velada extraña, el sol se despide con sus cálidos rayos que se reflejan en el mar, la luna abraza ya los bailes espontáneos…

Las estrellas brillan, fuera de la tela que nos protege de los mosquitos. Las constelaciones nos guiñan el ojo para anunciarnos que el tiempo paró, ese fin de semana. Que con el primer rayo de sol nos remojaremos en el barro y nos bañaremos en la fuente de agua fría, que sale de las entrañas de la montaña.

Que los talleres de cuentos, de historias nómadas, de risas, de bailes, que todo eso va a continuar eternamente. En Llucalcari. En nuestra memoria. Para siempre.

Un fin de semana en el que el tiempo paró.

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